lunes, 16 de junio de 2008

Abderramán II

Murcia honra a su fundador.

La fecha de su inauguración no es casual puesto que Murcia fue fundada un domingo 25 de junio junto al río Segura, en la hoy avenida del teniente Flomesta, frente al actual Ayuntamiento.Muy cerca se exhibe ya la escultura, de tres metros de altura, obra de José Carrilero Gil, cuya fundición en bronce se ha llevado a cabo en la empresa “Con sumo arte”.


Abderramán II fundó la ciudad de Mursiya en el año 831 sobre un pequeño poblado de origen romano junto al río Segura.En la edad de oro de la dinastía Omeya, coincidiendo con el reinado de Abderramán II, se llevó a efecto en los alrededores la construcción de importantes obras públicas, y especialmente la de acueductos y canales de riego.





Luego la convirtió en residencia de gobernadores y generales, que la engrandecerían hasta hacerla capital de una región de fuerte personalidad propia, el antiguo Reino de Murcia.



Con el devenir del tiempo, Murcia habría de convertirse en una de las tres ciudades más importantes de Al Andalus, tras Córdoba y Almería, el gran puerto del Califato.


Su fundador, Abderramán II, que ya contaba con una calle y una plaza en la ciudad, como buen árabe era un mujeriego empedernido, según cuentan las crónicas más apócrifas.


El tributo que Abderramán II exigía a los pueblos cristianos a cambio de no ser atacados era de cien doncellas.El emir Abderramán era tan perdidamente mujeriego, que nunca tomaba a ninguna que no fuese virgen aunque superase en hermosura y excelencia a las mujeres de su época, siendo excesivos su gusto, inclinación y entrega a ellas, así como el número en que las tuvo y la pasión de que las hizo objeto.



Tenía varias favoritas entre sus concubinas, las cuales dominaron su corazón y conquistaron su pasión. De entre todas ellas, fue a parar su amor a la llamada Tarub, madre de su hijo Abdallah.Para tenerlas contentas, les hizo espléndidos regalos. A su concubina al-Shifá (Salud) le regaló un valiosísimo collar de perlas llamado el Dragón, antaño propiedad de Zobeida, la esposa de Harún al-Rashid, que había comprado por diez mil dinares, cosa que pareció excesiva a uno de sus visires más allegados.La casi proverbial capacidad amatoria de Abderramán II tuvo como resultado una amplia prole, que las fuentes históricas cifran ¡con admiración! en la extraordinaria cantidad de 87 hijos, 45 de ellos varones.



Documentación



Abderramán II (Toledo, octubre-noviembre de 792- Córdoba, 22 de septiembre de 852), hijo y sucesor de Alhakén I, cuarto emir omeya de Córdoba, reinó desde el 25 de mayo de 822 hasta su muerte.



Tenía treinta años de edad cuando accedió al trono, y como su padre y su abuelo tuvo que reprimir las pretensiones al trono de su tío Abd Allah. Se entregó a la tarea de reorganizar administrativamente Al-Andalus. Intentó presentar una imagen de moderación ante los mozárabes y los musulmanes sometidos a la férula de la aristocracia árabe.



Consciente del poder e influencia de los alfaquíes, ordenó derribar el mercado de vinos de Secunda, cerca de la capital cordobesa, contrario a los preceptos del Corán. Luego, como concesión al populacho, crucificó al responsable de la política fiscal de su padre, un cristiano que las fuentes llaman Rabí.



Recién estrenado su emirato estalló una guerra en la Cora de Tudmir, en el sureste peninsular, entre los clanes de yemeníes y muraditas, tribus árabes enfrentadas. La chispa saltó en Lorca, donde tuvo lugar el célebre combate de al-Musara. La cora fue pacificada por el general Unmayya ibm Mu’awiya ibn Hisan, y se habla de 3.000 rebeldes muertos, incluido su comandante el yemení Abu Samaj.



Las tropas de Abderraman destruyeron entonces la ciudad-refugio de los rebeldes, Eio, y el Emir decidió trasladar la capital de la cora desde Orihuela a una ciudad de nueva planta, Madina Mursiya, fundada el el domingo 25 de junio de 825).



Murcia se elevaba sobre una pequeña elevación a orillas del río Segura, al objeto de pacificar el territorio, potenciar el desarrollo y afianzar la autoridad emiral. El general Chabir fue el primer gobernador de Murcia.



Para poder mantener el lujoso tren de vida de su corte y reprimir el descontento provocado por el régimen despótico, el emir mantuvo la política militarista de su padre, aumentando el número de cuerpos armados extranjeros, leales tan sólo a su persona, que no se mezclaban con la población. Asimismo se llevó a cabo una hábil labor de construcción de fortalezas (ribat) que darían origen a poblaciones como Calatrava (Qala'at ar-Ríbat).



Casi cada año tuvieron lugar aceifas contra los cristianos e incluso en alguno llegaron a desencadenarse tres. La mayoría se dirigió contra Álava y, especialmente, Galicia, que era la región del Reino de Asturias más vulnerable. Pese a ello, no faltaron tampoco los ataques contra Ausona (Vich), Barcelona, Gerona e incluso Narbona en las expediciones de los años 828, 840 y 850.



En mayo de 843, Musa ibn Musa, jefe de la familia de los Banu Qasi encabezó una insurrección en su contra, siendo ayudado en la misma por García I Íñiguez, rey de Navarra, con el que estaba emparentado. Aplastada la sublevación, atacó las tierras de Pamplona, venciendo a García Íñiguez y Musa.



El 11 de noviembre de 844 preparó un contingente para enfrentarse a los vikingos que conquistaron y saquearon Sevilla un mes antes. La batalla campal tuvo lugar en los terrenos de Tablada, con resultado catastrófico para los invasores, que sufrieron mil bajas. Otros cuatrocientos fueron hechos prisioneros y ejecutados y unas treinta naves fueron destruidas, siendo los rehenes liberados.



Con el tiempo, el reducido número de supervivientes se convirtió al islamismo instalándose como granjeros en la zona de Coria del Río, Carmona y Morón de la Frontera. Se dieron nuevas incursiones normandas en los años 859, 966 y 971, siendo este último frustrado y la flota vikinga totalmente aniquilada.



Abderramán II fomentó las ciencias, las artes, la agricultura y la industria. Durante su reinado se introdujo en al-Andalus el sistema de numeración indo-árabe, llamada de posición, con base decimal. Inició, desde antes de ser proclamado emir, una biblioteca que llegó a ser numerosísima, para lo cuál encargó a personas de alta cualificación que le trajeran de Oriente los ejemplares más interesantes y de mayor aportación al saber, comenzando de esta forma una buena colección de libros.



Atrajo a Córdoba a los más ilustres sabios de su época y cultivó personalmente la poesía. Su brillante corte estuvo dominada por las figuras del músico Ziryab, el alfaquí Yahya (un sacerdote intolerante y ambicoso), la concubina Tarub (mujer intrigante y avariciosa que deseaba conseguir el trono para su hijo Abdalá), y el eunuco Nasr (un español cristiano que abandonó su fe y su hombría para medrar en la administración emiral).



Don Ramón Menéndez Pidal dice de él: "Este príncipe, si exceptuamos a su descendiente al-Hakam II, fue desde luego el más culto de todos los emires hispano-omeyas. Fue muy dado a la literatura, a la filosofía, a las ciencias, a la música y, sobre todo, a la poesía, pues tenía gran facilidad para componer versos. Sentía interés por las ciencias ocultas, la astrología y la interpretación de sueños. Escribió un libro titulado Anales de al-Andalus".



Después de consolidar su poder, se dedicó a sus placeres sin freno alguno.



Fuente; MURCIA CONFIDENCIAL

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